
LA POLITICA Y LA GUERRA. LA GUERRA REVOLUCIONARIA.
MILENA VARGAS.
C.I: V- 14.064.215.
SECCION B DE LIC ADN ADMINISTRACION DE DESASTRES.
PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIÓN.
Una de las características de la vida internacional, tras la Segunda Guerra Mundial, es la aparición de una escena interestatal dominada por dos Estados continentes, por dos Potencias extraeuropeas, por dos colosos uno sin corazón, y otro, sin cerebro, al decir (aceradamente) de Soustelle Pues bien; la existencia de esas dos Superpotencias daba nacimiento a una especial situación internacional, conocida con el nombre de guerra fría: enfrentamiento entre los dos colosos, en tanto que Potencias hegemónicas típicas a la cabeza de dos grandes sistemas de alianzas y en tanto que polos de ideologías encontradas.
ALUSIÓN HISTÓRICA.
Entremos en un tema previo: el de su existencia en el transcurso de la Historia. Fundamentalmente, dos posiciones.
1. La guerra revolucionaria es tan antigua como el mundo: P. Pabezies* La guerra del débil contra el fuerte (conocimiento del terreno, etc.) En el dominio doctrinal, su prehistoria cuenta con Sun Tsé (seis siglos antes de Cristo).
: 2: Ahora bien; la verdadera guerra revolucionaria exige: un.contexto; revolucionario mundial (exigencia básica),-con a) unos medios • técnicos adecuados '(progresos de los medios de información,' propaganda, progresos; en los estudios sobre psicología - colectiva, etc.), y b) constitución de Partidas de masa «totalitarios»' {de una sólida jerarquía y de una implacable disciplina) (G. Galli). A ella se ha llegado en un proceso de menos de' doscientos años. La punta de arranque: la Revolución francesa. El fin de ellas el ideal democrático (frente al sistema monárquico: tradicional). Sus medios: la nación en armas, la conscripción. En las guerras de la Revolución, la política aparece como un multiplicador de la violencia (Dabezies), frente al período anterior en que la guerra es una continuación de la diplomacia. O. Spengler hablará de las batallas de este momento revolucionario «como derroche de vidas humanas »...
Precisamente, guerra clásica y guerra revolucionaria comenzaron a diferenciarse el día en que la guerra dejó. De ser el hecho de una casta. profesional.•Al soldado-de-oficio le sustituye el soldado ciudadano. Aquél no tiene más que su competencia profesional. Este aporta su amor al país.
Tras ello, las reflexiones de Clausewitz el filósofo de la guerra, sobre todo ése. Entramado de realidades. Lo fundamental: la concepción de la guerra ,continuación de la política por otros medios. Por lo demás', ya Clausewitz supo 'descubrir la osmosis producida entre el desarrollo del fenómeno guerra y la estructura y la vitalidad interna de los grupos sociales comprometidos en él, señalando la importancia de los factores psíquicos y presintiendo que las masas populares podrían ser llamadas a desempeñar un papel cada vez más
Esencial (R. Costé).
ELEMENTOS COMPONENTES.
1. Desde una óptica revolucionaria mundial (ambiente de «período revolucionario en la vida internacional contemporánea», desde ángulos distintas: G. Scelle, H. Lasswell, M. A. Kaplan (ed.), E. McWhinney, etc.; dialéctica de «la destrucción del imperialismo»: «Che» Guevara, etc.; atmósfera de «gran desafío ideológico»: G. Barraclough, etc.).
2. Por tanto, más un enfrentamiento entre clases (aunque también estén implicados los Estados). Primeramente, ella divide a las naciones en su mismo interior. Por otro lado, toda guerra revolucionaria toma un carácter internacional. Uno de los toques típicos de la época contemporánea es la indistinción entre las guerras extranjeras y las guerras civiles. Los pueblos son desde ahora, y ya, «interiores» unos de otros, como los fenómenos de «quinta columna» los hacían ya presentir... Una guerra internacional será cada vez más en General una guerra civil.
3. Objetivos políticos: hacerse con el poder (por métodos violentos, etc.).
4. Con una dimensión ideológica: imposición de una determinada concepción económico-político-social. Labor del militante más que del militar. El combatiente no es sólo un militar, es también un militante. (Aquí, a recordar el factor odio como elemento de combate en «Che» Guevara.
5. Encaminada más a la conquista de las poblaciones que a la del territorio. Perfil de la adhesión popular. «La inferioridad material ante el enemigo no es grave ha escrito Mao Tse-tung. Lo importante es la movilización popular. El pueblo debe ser el gran océano en el que se ahogará el enemigo». Ahora bien; población enfocada más bien como máquina, en la cual cada ser es un rodaje, que como grupos de personas a respetar. Población, en una palabra, tratada como una «masa», no como un pueblo (en la feliz distinción de Pío XII).
Estamos, pues, ante una forma de guerra en la cual ya no se trata de conquistar un trozo de terreno, sino las poblaciones que lo habitan. En ella, la estrategia deja de ser la hija de las matemáticas y de la geometría. Ella obedece más a las leyes de la física y se traduce en fenómenos de osmosis, de explosiones de simpatía, de reacciones en cadena y de «puntos críticos».
6. Una dimensión psicológica (complemento de lo anterior). No puede reducirse a operaciones estrictamente militares. Su conducción exige una acción sobre el espíritu de las poblaciones. «La guerra subversiva, elle, vise une desintegración des principios mismos de la vida de una nación o de toda una familia de naciones»: P. Régamey. (Elemento de la guerra revolucionaria, ero no exclusivo de ella).
7. Un carácter total, al querer imponer' una concepción de la vida almenos, en determinados puntos esenciales, a lo que no puede llegarse más que por los espíritus (R. Coste). Esta guerra no ataca únicamente, y ante todo, cuerpo del hombre y a las realizaciones visibles de su civilización: se pone mira en su espíritu. Intenta la disociación de la persona para ponerla su merced. Esta forma de guerra destruye psicológicamente la persona lleva la disgregación a las sociedades (monseñor Théas).
CLASES DE GUERRA REVOLUCIONARIA.
1. Guerra civil revolucionaria: la típica. A ella corresponde la descripción antedicha. Hasta ahora, abrumadoramente de tendencia comunista. Cabe desde el punto de vista de los teólogos una revolución .Antitotalitaria. Recuérdese, a título de muestra, el levantamiento. Magiar de 1956.
2. Guerra revolucionaria de liberación. Objetivo: obtener la emancipación política de un Estado extranjero. Pero no únicamente eso. De ahí la terminología más exacta de la República Popular China: movimiento revolucionario nacional y democrático. En resumen, es el perfil de la guerra revolucionaria de los coroneles del tercer mundo (tras el movimiento autodeterminador o no, etc.). Cambios en las instituciones, sí; pero lo fundamental sin decisiva intervención popular (frecuentemente, población espectadora, pasiva). En este sentido, resulta más justo hablar de golpe de Estado revolucionario. Aunque en el contexto revolucionario mundial tenga su importancia: sirve de debilitación del Occidente (en tanto que dialéctica contra el capitalismo imperialismo-neocolonialismo).
3. Movimiento revolucionario de masa (término utilizado por la propaganda de Pekín). Ejemplo no el único Francia en mayo de 1968. Puntos resaltables de esta situación: a) Cambio en la técnica del golpe de Estado, etcétera, b) Pérdida del prestigio gubernamental por la acción de masas. Desbordamiento, c) Alcance real de la huelga, pero limitaciones de ella (no huelga general revolucionaria; el factor clave de los obreros.
4. Guerra revolucionaria de exportación: provocada deliberadamente por un Estado (ó. un grupo de presión política' o"' económica) sobre-un territorio controlado por otro.
ADVERTENCIA FINAL. EL FUTURO.
Téngase en cuenta que, aun bajo su forma convencional, la guerra toma ya un aspecto revolucionario (G. Scelle). Ya no es un simple medio de hacer prevalecer un derecho, sino que —como ha escrito Quincy Wright es «un conflicto de dogmas jurídicos, de culturas nacionales y de sentimientos populares ». La victoria tiende a asegurar el triunfo de una filosofía, de una determinada concepción del Estado y del mundo (R. Darsac). Lo que ocurre es que la historia militar de los últimos tiempos nos había habituado a ver en la guerra un fenómeno primariamente técnico, un asunto de especialistas en un arte demasiado particular para ser accesible a los profanos, el choque entre «dos formaciones simétricas encargadas de solventar una querella colectiva en un vasto combate singular». Tal vez, tal vez, el machacamiento de los cañones de Verdún y de Stalingrado haya hecho perder de vista una sencilla verdad: el que la guerra es un fenómeno social y político. Y no es preciso invocar a Heráclito, Hegel, Spencer o Renán para darnos cuenta de que la guerra transforma los modos de vida y fecunda las ideologías.
Una de las características de la vida internacional, tras la Segunda Guerra Mundial, es la aparición de una escena interestatal dominada por dos Estados continentes, por dos Potencias extraeuropeas, por dos colosos uno sin corazón, y otro, sin cerebro, al decir (aceradamente) de Soustelle Pues bien; la existencia de esas dos Superpotencias daba nacimiento a una especial situación internacional, conocida con el nombre de guerra fría: enfrentamiento entre los dos colosos, en tanto que Potencias hegemónicas típicas a la cabeza de dos grandes sistemas de alianzas y en tanto que polos de ideologías encontradas.
ALUSIÓN HISTÓRICA.
Entremos en un tema previo: el de su existencia en el transcurso de la Historia. Fundamentalmente, dos posiciones.
1. La guerra revolucionaria es tan antigua como el mundo: P. Pabezies* La guerra del débil contra el fuerte (conocimiento del terreno, etc.) En el dominio doctrinal, su prehistoria cuenta con Sun Tsé (seis siglos antes de Cristo).
: 2: Ahora bien; la verdadera guerra revolucionaria exige: un.contexto; revolucionario mundial (exigencia básica),-con a) unos medios • técnicos adecuados '(progresos de los medios de información,' propaganda, progresos; en los estudios sobre psicología - colectiva, etc.), y b) constitución de Partidas de masa «totalitarios»' {de una sólida jerarquía y de una implacable disciplina) (G. Galli). A ella se ha llegado en un proceso de menos de' doscientos años. La punta de arranque: la Revolución francesa. El fin de ellas el ideal democrático (frente al sistema monárquico: tradicional). Sus medios: la nación en armas, la conscripción. En las guerras de la Revolución, la política aparece como un multiplicador de la violencia (Dabezies), frente al período anterior en que la guerra es una continuación de la diplomacia. O. Spengler hablará de las batallas de este momento revolucionario «como derroche de vidas humanas »...
Precisamente, guerra clásica y guerra revolucionaria comenzaron a diferenciarse el día en que la guerra dejó. De ser el hecho de una casta. profesional.•Al soldado-de-oficio le sustituye el soldado ciudadano. Aquél no tiene más que su competencia profesional. Este aporta su amor al país.
Tras ello, las reflexiones de Clausewitz el filósofo de la guerra, sobre todo ése. Entramado de realidades. Lo fundamental: la concepción de la guerra ,continuación de la política por otros medios. Por lo demás', ya Clausewitz supo 'descubrir la osmosis producida entre el desarrollo del fenómeno guerra y la estructura y la vitalidad interna de los grupos sociales comprometidos en él, señalando la importancia de los factores psíquicos y presintiendo que las masas populares podrían ser llamadas a desempeñar un papel cada vez más
Esencial (R. Costé).
ELEMENTOS COMPONENTES.
1. Desde una óptica revolucionaria mundial (ambiente de «período revolucionario en la vida internacional contemporánea», desde ángulos distintas: G. Scelle, H. Lasswell, M. A. Kaplan (ed.), E. McWhinney, etc.; dialéctica de «la destrucción del imperialismo»: «Che» Guevara, etc.; atmósfera de «gran desafío ideológico»: G. Barraclough, etc.).
2. Por tanto, más un enfrentamiento entre clases (aunque también estén implicados los Estados). Primeramente, ella divide a las naciones en su mismo interior. Por otro lado, toda guerra revolucionaria toma un carácter internacional. Uno de los toques típicos de la época contemporánea es la indistinción entre las guerras extranjeras y las guerras civiles. Los pueblos son desde ahora, y ya, «interiores» unos de otros, como los fenómenos de «quinta columna» los hacían ya presentir... Una guerra internacional será cada vez más en General una guerra civil.
3. Objetivos políticos: hacerse con el poder (por métodos violentos, etc.).
4. Con una dimensión ideológica: imposición de una determinada concepción económico-político-social. Labor del militante más que del militar. El combatiente no es sólo un militar, es también un militante. (Aquí, a recordar el factor odio como elemento de combate en «Che» Guevara.
5. Encaminada más a la conquista de las poblaciones que a la del territorio. Perfil de la adhesión popular. «La inferioridad material ante el enemigo no es grave ha escrito Mao Tse-tung. Lo importante es la movilización popular. El pueblo debe ser el gran océano en el que se ahogará el enemigo». Ahora bien; población enfocada más bien como máquina, en la cual cada ser es un rodaje, que como grupos de personas a respetar. Población, en una palabra, tratada como una «masa», no como un pueblo (en la feliz distinción de Pío XII).
Estamos, pues, ante una forma de guerra en la cual ya no se trata de conquistar un trozo de terreno, sino las poblaciones que lo habitan. En ella, la estrategia deja de ser la hija de las matemáticas y de la geometría. Ella obedece más a las leyes de la física y se traduce en fenómenos de osmosis, de explosiones de simpatía, de reacciones en cadena y de «puntos críticos».
6. Una dimensión psicológica (complemento de lo anterior). No puede reducirse a operaciones estrictamente militares. Su conducción exige una acción sobre el espíritu de las poblaciones. «La guerra subversiva, elle, vise une desintegración des principios mismos de la vida de una nación o de toda una familia de naciones»: P. Régamey. (Elemento de la guerra revolucionaria, ero no exclusivo de ella).
7. Un carácter total, al querer imponer' una concepción de la vida almenos, en determinados puntos esenciales, a lo que no puede llegarse más que por los espíritus (R. Coste). Esta guerra no ataca únicamente, y ante todo, cuerpo del hombre y a las realizaciones visibles de su civilización: se pone mira en su espíritu. Intenta la disociación de la persona para ponerla su merced. Esta forma de guerra destruye psicológicamente la persona lleva la disgregación a las sociedades (monseñor Théas).
CLASES DE GUERRA REVOLUCIONARIA.
1. Guerra civil revolucionaria: la típica. A ella corresponde la descripción antedicha. Hasta ahora, abrumadoramente de tendencia comunista. Cabe desde el punto de vista de los teólogos una revolución .Antitotalitaria. Recuérdese, a título de muestra, el levantamiento. Magiar de 1956.
2. Guerra revolucionaria de liberación. Objetivo: obtener la emancipación política de un Estado extranjero. Pero no únicamente eso. De ahí la terminología más exacta de la República Popular China: movimiento revolucionario nacional y democrático. En resumen, es el perfil de la guerra revolucionaria de los coroneles del tercer mundo (tras el movimiento autodeterminador o no, etc.). Cambios en las instituciones, sí; pero lo fundamental sin decisiva intervención popular (frecuentemente, población espectadora, pasiva). En este sentido, resulta más justo hablar de golpe de Estado revolucionario. Aunque en el contexto revolucionario mundial tenga su importancia: sirve de debilitación del Occidente (en tanto que dialéctica contra el capitalismo imperialismo-neocolonialismo).
3. Movimiento revolucionario de masa (término utilizado por la propaganda de Pekín). Ejemplo no el único Francia en mayo de 1968. Puntos resaltables de esta situación: a) Cambio en la técnica del golpe de Estado, etcétera, b) Pérdida del prestigio gubernamental por la acción de masas. Desbordamiento, c) Alcance real de la huelga, pero limitaciones de ella (no huelga general revolucionaria; el factor clave de los obreros.
4. Guerra revolucionaria de exportación: provocada deliberadamente por un Estado (ó. un grupo de presión política' o"' económica) sobre-un territorio controlado por otro.
ADVERTENCIA FINAL. EL FUTURO.
Téngase en cuenta que, aun bajo su forma convencional, la guerra toma ya un aspecto revolucionario (G. Scelle). Ya no es un simple medio de hacer prevalecer un derecho, sino que —como ha escrito Quincy Wright es «un conflicto de dogmas jurídicos, de culturas nacionales y de sentimientos populares ». La victoria tiende a asegurar el triunfo de una filosofía, de una determinada concepción del Estado y del mundo (R. Darsac). Lo que ocurre es que la historia militar de los últimos tiempos nos había habituado a ver en la guerra un fenómeno primariamente técnico, un asunto de especialistas en un arte demasiado particular para ser accesible a los profanos, el choque entre «dos formaciones simétricas encargadas de solventar una querella colectiva en un vasto combate singular». Tal vez, tal vez, el machacamiento de los cañones de Verdún y de Stalingrado haya hecho perder de vista una sencilla verdad: el que la guerra es un fenómeno social y político. Y no es preciso invocar a Heráclito, Hegel, Spencer o Renán para darnos cuenta de que la guerra transforma los modos de vida y fecunda las ideologías.