viernes, 10 de octubre de 2008


Milena vargas.
Ci: v – 14.064.215
Carrera: lic., en administración de desastres.
Sección “b” aula iii-9

La escuela de las América su verdadero rol.

En los años 40, América latina comenzaba a resurgir con vientos de cambios sociales que de alguna manera contrastaban con las exigencias norteamericanas, por ello nace en Panamá la escuela de las América o también llamada “escuela de terroristas” con la finalidad expresa de capacitar a militares de países sur americanos que de alguna manera eran considerados importantes para la política norteamericana en el continente.

Es en este punto donde bajo la doctrina “América para los americanos” y bajo la catalogación de los movimientos sociales como movimientos de izquierdas o de tilde comunista que estaban bajo la influencia de la unión soviética se instaura en América latina un régimen de “represión ilegal” en aquellos países que representaban un interés político y económico para los norteamericanos y en donde los movimientos sociales buscaban de alguna manera realizar cambios profundos en su estructura política, económica y social.

¿Será esa la verdadera preocupación de los estados unidos de Norteamérica, que en América latina se vayan dando cambio de corte social o cual será el verdadero trasfondo de dicha preocupación?

La verdadera preocupación de los estados unidos de Norteamérica no es que en América latina se den cambios de corte social lo que realmente les preocupa es el perder todos los beneficios de índole económico y políticos que obtienen de los países que ellos denominan del tercer mundo. Es por ello que hoy y en pleno apogeo del siglo xxi instan a los países para que por medio de la escuela de las América brinden capacitación a sus fuerzas armadas para contrarrestar el auge de la izquierda en los gobiernos de América latina. Esto haciendo referencia a otra de la doctrina dada durante la guerra fría “guerra al comunismo”.

Esta escuela que nace bajo la supuesta convicción de ayudar a los países sur americanos para capacitar a su personal militar, es tristemente recordada hoy como una de las escuelas militares mas perversas del mundo ello debido a que por su aulas pasaron los dictadores mas crueles de América latina como por ejemplo:
El general Hugo banser: dictador de Bolivia.
El general augusto pinochet: dictador de chile
El general Leopoldo galttieri: dictador en argentina.

Es de resaltar que a través del establecimiento de este régimen de represión ilegal dado en Latinoamérica y aupado por esta escuela de las América se suscitaron alrededor de cincuenta mil muertos y 400 mil presos políticos. Y como resultado a la aplicación de la operación cóndor, operación militar llevada a cabo en toda América del sur con la finalidad de exterminar o acabar con los grupos y movimientos sociales catalogados como comunistas. Todo esto bajo el estimulo de los estados unidos de Norteamérica.
En fin el verdadero rol o función de esta escuela es la de capacitar o adoctrinar a los militares para la represión de los pueblos y redimir sus luchas sociales.

Por ultimo y de manera de reflexión podemos decir que no existe país libre sino aquel que por propia convicción decida serlo, escuchando la voz del pueblo....


jueves, 2 de octubre de 2008

RESUMEN DEL MANUAL DE GUERRILLA DE ERNESTO EL CHE GUEVARA.

Principios generales de la lucha guerrillera
Esencia de la lucha guerrillera
La victoria armada del pueblo cubano sobre la dictadura batistiana ha sido, además del triunfo épico recogido por los noticieros del mundo entero, un modificador de viejos dogmas sobre la conducta de las masas populares de la América Latina, demostrando palpablemente la capacidad del pueblo para liberarse de un gobierno que lo atenaza, a través de la lucha guerrillera.
Consideramos que tres aportaciones fundamentales hizo la Revolución cubana a la mecánica de los movimientos revolucionarios en América, son ellas: (1) Las fuerzas populares pueden ganar una guerra contra el ejército. (2) No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas. (3) En la América subdesarrollada el terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo.
De estas tres aportaciones, las dos primeras luchan contra la actitud quietista de revolucionarios o seudorrevolucionarios que se refugian, y refugian su inactividad, en el pretexto de que contra el ejército profesional nada se puede hacer, y algunos otros que se sientan a esperar a que, en una forma mecánica, se den todas las condiciones objetivas y subjetivas necesarias, sin preocuparse de acelerarlas. Claro como resulta hoy para todo el mundo, estas dos verdades indubitables fueron antes discutidas en Cuba y probablemente sean discutidas en América también.
Naturalmente, cuando se habla de las condiciones para la revolución no se puede pensar que todas ellas se vayan a crear por el impulso dado a las mismas por el foco guerrillero. Hay que considerar siempre que existe un mínimo de necesidades que hagan factible el establecimiento y consolidación del primer foco. Es decir, es necesario demostrar claramente ante el pueblo la imposibilidad de mantener la lucha por las reivindicaciones sociales dentro del plano de la contienda cívica. Precisamente, la paz es rota por las fuerzas opresoras que se mantienen en el poder contra el derecho establecido.
El tercer aporte es fundamentalmente de índole estratégica y debe ser una llamada de atención a quienes pretenden con criterios dogmáticos centrar la lucha de las masas en los movimientos de las ciudades, olvidando totalmente la inmensa participación de la gente del campo en la vida de todos los países subdesarrollados de América.
La guerra de guerrilla, base de la lucha de un pueblo por redimirse, tiene diversas características, facetas distintas, aun cuando exista siempre la misma voluntad esencial de liberación. Es obvio, y los tratadistas sobre el tema lo han dicho sobradamente, que la guerra responde a una determinada serie de leyes científicas, y quien quiera que vaya contra ellas, irá a la derrota. La guerra de guerrillas, como fase de la misma, debe regirse por todas ellas; pero por su aspecto especial, tiene, además, una serie de leyes accesorias que es preciso seguir para llevarla hacia adelante. Es natural que las condiciones geográficas y sociales de cada país determinen el modo y las formas peculiares que adoptará la guerra de guerrillas, pero sus leyes esenciales tienen vigencia para cualquier lucha de este tipo.
Lo primero que hay que establecer es quiénes son los combatientes en una guerra de guerrillas. De un lado tenemos el núcleo opresor y su agente, el ejército profesional, bien armado y disciplinado, que, en muchos casos, puede contar con el apoyo extranjero y el de pequeños núcleos burocráticos, paniaguados al servicio de ese núcleo opresor. Del otro, la población de la nación o región de que se trate. Es importante destacar que la lucha guerrillera es una lucha de masas, es una lucha de pueblo: la guerrilla, como núcleo armado, es la vanguardia combatiente del mismo, su gran fuerza radica en la masa de la población. No debe considerarse a la guerrilla numéricamente inferior al ejército contra el cual combate, aunque sea inferior su potencia de fuego. Por esto es preciso acudir a la guerra de guerrillas cuando se tiene junto a sí un núcleo mayoritario y para defenderse de la opresión un número infinitamente menor de armas.
Analizado el modo operacional de la guerrilla, su forma de lucha y comprendiendo su base de masas sólo nos resta preguntar: ¿por qué lucha el guerrillero? Tenemos que llegar a la conclusión inevitable de que el guerrillero es un reformador social, que empuña las armas respondiendo a la protesta airada del pueblo contra sus opresores y que lucha por cambiar el régimen social que mantiene a todos sus hermanos desarmados en el oprobio o la miseria. Se lanza contra las condiciones especiales de la institucionalidad de un momento dado y se dedica a romper, con todo el vigor que las circunstancias permitan, los moldes de esa institucionalidad.
Cuando analicemos más a fondo la táctica de guerra de guerrillas, veremos que el guerrillero debe tener un conocimiento cabal del terreno que pisa, sus trillos de acceso y escape, posibilidades de maniobrar con rapidez, apoyo del pueblo, naturalmente y lugares donde esconderse. Todo esto indica que el guerrillero ejercerá su acción en lugares agrestes y poco poblados, y en estos parajes, la lucha del pueblo por sus reivindicaciones se sitúa preferentemente y, hasta casi exclusivamente, en el plano del cambio de la composición social de la tenencia de la tierra, es decir, el guerrillero es, ante todo, un revolucionario agrario. Interpreta los deseos de la gran masa campesina de ser dueña de la tierra, dueña de sus medios de producción, de sus animales, de todo aquello que ha anhelado durante años, de lo que constituye su vida y constituirá también su cementerio.
La guerra es siempre una lucha donde ambos contendientes tratan de aniquilar uno al otro. Recurrirán entonces a todas las triquiñuelas, a todos los trucos posibles, para conseguir este resultado, además de la fuerza. Las estrategias y las tácticas militares son la representación de las aspiraciones del grupo que analiza y del modo de llevar a cabo estas aspiraciones, y este modo contempla el aprovechamiento de todos los puntos débiles del enemigo. Desmenuzando, en una guerra de posiciones, la acción de cada pelotón de un gran núcleo de ejército, se observan las mismas características, en cuanto a la lucha individual, que las que se presentarán en la guerrilla. Hay alevosía, hay nocturnidad, hay sorpresa, y cuando no se producen, es porque es imposible tomar desprevenidos a quienes están enfrente vigilando. Pero como la guerrilla es una división de por sí, y como hay grandes zonas de terrenos no vigiladas por el enemigo, siempre se pueden realizar estas tareas de manera de asegurar la sorpresa, y es deber del guerrillero hacerlo.
Estrategia guerrillera
En la terminología guerrera, se entiende por estrategia el análisis de los objetivos a lograr, considerando una situación militar total y las formas globales de lograr estos objetivos.
Para una correcta apreciación estratégica, desde el punto de vista de la guerrilla, es necesario analizar profundamente cuál será el modo de actuar del enemigo. Si en algún momento es válida la apreciación de que el objetivo final es destruir completamente la fuerza opositora, en el caso de una guerra civil de este tipo se encuentra el ejemplo clásico: el enemigo tendrá que procurar la destrucción total de cada uno de los componentes de la guerrilla; y el guerrillero, a la inversa, debe analizar los recursos con que cuenta el contrario para tratar de llegar a esa solución; los medios con que cuenta en hombres, en movilidad, en apoyo popular, en armamento y en capacidad de dirección. Debemos adecuar nuestra estrategia a estos estudios, considerando siempre el objetivo final de derrotar al ejército enemigo.
Hay aspectos fundamentales a estudiar: el armamento, por ejemplo, la forma de utilizar ese armamento; analizar exactamente cuál es el valor de un tanque en una lucha de este tipo, cuál el de un avión, analizar cuáles son las armas del enemigo, su parque, sus costumbres; porque el aprovisionamiento más importante de la fuerza guerrillera, está precisamente en el armamento enemigo. Si hay posibilidad de elección debe preferir el mismo tipo que el usado por éste, pues el más grande enemigo de la guerrilla es la falta de parque, que debe proveer el contrincante.
En el primer momento, lo esencial para el guerrillero será no dejarse destruir. Paso a paso, será más fácil para los integrantes de la guerrilla o de las diferentes guerrillas, adaptarse al medio de vida y convertir en una acción cotidiana y, como tal, fácil el huir, despistar a las fuerzas que están lanzadas en su persecución. Logrado este objetivo, tomando posiciones cuya inaccesibilidad impida al enemigo llegar hasta ellos, o consiguiendo fuerzas que disuadan a éste de atacar, debe procederse al debilitamiento gradual del mismo, debilitamiento que se provocará en el primer momento en los lugares más cercanos a los puntos de lucha activa contra la guerrilla, y, posteriormente, se irá profundizando en territorio enemigo, atacando sus comunicaciones, atacando luego, o molestando, las bases de operaciones y las bases centrales, hostigándolo en forma total en la medida de las posibilidades de las fuerzas guerrilleras.
Se puede también recurrir a determinados grupos muy homogéneos y que tienen que demostrar eficacia previa en labores menos peligrosas para hacer sabotaje, que es otra de las terribles armas de la guerrilla; se puede paralizar ejércitos enteros, se puede detener la vida industrial de una zona, quedando los habitantes de una ciudad sin industria, sin luz, sin agua, sin comunicaciones de ninguna clase, sin poder arriesgarse a salir sino a determinadas horas, por una carretera. Si se logra todo esto, la moral de los enemigos va decayendo, va decayendo la moral de sus unidades combatientes y se torna madura la fruta para arrancarla en el momento preciso.
Todo esto presupone un aumento del territorio, abarcado por la acción guerrillera, pero nunca se debe ir a un aumento exagerado de ese territorio. Hay que conservar siempre una base de operaciones fuerte y continuar fortaleciéndola durante el curso de la guerra. Hay que utilizar medidas de adoctrinamiento de los habitantes de la zona, medidas de saneamiento contra los enemigos irreconciliables de la revolución y perfeccionar todos los sistemas puramente defensivos, como trincheras, minas y comunicaciones dentro de ese territorio. Cuando la guerrilla ha alcanzado un poderío respetable en armas y en número de combatientes, debe irse a la formación de nuevas columnas. Es un hecho parecido al de la colmena que, en determinado momento, suelta una nueva reina que se va a otra región con parte del enjambre. La colmena madre, con el jefe guerrillero más notable, quedará en lugares menos riesgosos, mientras las nuevas columnas perforarán otros territorios enemigos, siguiendo el ciclo ya descrito.
Táctica guerrillera
En lenguaje militar, táctica es el modo práctico de llevar a efecto los grandes objetivos estratégicos. Es, en algunos modos, un complemento de la estrategia y en otros una especie de reglamento de la misma; mucho más variables, mucho más flexibles que los objetivos finales, los medios deben adaptarse a cada momento de la lucha. Hay objetivos tácticos que permanecen constantes durante una guerra y otros que van variando. Lo primero que hay que considerar es el acoplamiento de la acción guerrillera a la acción del enemigo.
Característica fundamental de una guerrilla es la movilidad, lo que le permite estar en pocos minutos lejos del teatro específico de la acción y en pocas horas lejos de la región de la misma, si fuera necesario; que le permite cambiar constantemente de frente y evitar cualquier tipo de cerco. De acuerdo con los momentos de la guerra, puede dedicarse la guerrilla exclusivamente a huir de un cerco, única forma de obligarla a una batalla decisiva que puede ser muy desfavorable, y también a establecer luchas de contracerco (pequeñas partidas de hombres presumiblemente están rodeadas por el enemigo cuando de pronto el enemigo está rodeado por contingentes mayores, o esos hombres, colocados en un lugar inexpugnable han servido de señuelo y todas las tropas y el abastecimiento que va para el ejército agresor, han sido cercados, han sido aniquilados de alguna manera). Característica de esta guerra de movilidad es lo que se denomina minuet, por la analogía con el baile de ese nombre: las guerrillas cercan una posición enemiga, una columna que avanza por ejemplo: la cercan absolutamente, por los cuatro puntos cardinales, pero con cinco o seis hombres en cada lugar y convenientemente alejados para no ser a su vez cercados; se entabla la lucha en cualquiera de los puntos y el ejército se moviliza hacia él; la guerrilla retrocede entonces, manteniendo siempre contacto visual con el enemigo y se inicia el ataque desde otro punto. El ejército repetirá la acción anterior y la guerrilla también. Así sucesivamente se puede mantener inmovilizada una columna enemiga haciéndola gastar cantidades grandes de parque, debilitándole la moral a la tropa, sin mayores peligros.
Esta misma práctica debe aplicarse a las horas de la noche, pero acercándose más, demostrando mayor agresividad, porque es mucho más difícil un cerco en esas condiciones. Es decir, la nocturnidad es otra característica importante de la guerrilla que sirve para avanzar hacia posiciones que van a ser atacadas y también para movilizarse en territorios no bien conocidos donde existe el peligro de delaciones
Otra característica fundamental del soldado guerrillero es su flexibilidad para adaptarse a todas las circunstancias y convertir en favorables todos los accidentes de la acción. Frente a la rigidez de los métodos clásicos de guerrear, el guerrillero inventa su propia táctica en cada momento de la lucha y sorprende constantemente al enemigo.
En primer lugar, solamente hay posiciones elásticas, lugares específicos de donde no puede pasar el enemigo y lugares de diversión del mismo. Es frecuente observar la sorpresa con que éste nota que un avance gradual, sorteando dificultades fácilmente, se encuentra de pronto férreamente detenido y no hay posibilidades de seguir adelante.
que las posiciones defendidas por los soldados guerrilleros, cuando se ha podido hacer un estudio cabal del terreno, son inexpugnables. No se cuenta cuántos soldados atacan sino cuántos soldados pueden defenderla, y una vez establecido ese número se defiende contra un batallón y casi siempre, por no decir siempre, con éxito. Gran tarea de los jefes es elegir adecuadamente el momento y el lugar en que una posición será defendida hasta el final.
La forma de ataque de un ejército guerrillero también es diferente; se inicia sorpresiva, furibunda, implacable, y se convierte de pronto en una pasividad total. El enemigo sobreviviente, reponiéndose, cree que el atacante se ha ido, empieza a tranquilizarse, a normalizar la vida interior del cuartel o de la ciudad sitiada y de pronto surge un nuevo ataque en otro lugar, con las mismas características, mientras el grueso de la guerrilla espera los refuerzos presuntos; u otra vez, una posta que defiende un cuartel es atacada de pronto, dominada, y éste cae en las manos de la guerrilla. Lo fundamental es la sorpresa y la rapidez del ataque.
El terrorismo debe considerarse como factor valioso cuando se utiliza para ajusticiar algún connotado dirigente de las fuerzas opresoras, caracterizado por su crueldad, por su eficiencia en la represión, por una serie de cualidades que hacen de su supresión algo útil; pero nunca es aconsejable la muerte de personas de poca calidad que traen como consecuencia un desborde de la represión con su secuela de muertes.
Hay un punto sumamente controvertido en la apreciación de terrorismo. Muchos consideran que al usarse y exacerbar la opresión policial, impide todo contacto más o menos legal o semiclandestino de las masas e imposibilita su unión para las acciones que serían necesarias en un momento determinado. Esto, en sí, es exacto, pero sucede también que en los momentos de guerra civil y en determinadas poblaciones, ya la represión del poder gobernante es tan grande que, de hecho, está suprimida toda clase de acción legal y es imposible una acción de masas que no sea apoyada por las armas. Por eso hay que tener mucho cuidado en la adopción de medidas de este tipo y analizar las consecuencias generales favorables que pueden traer para la revolución.
Guerra en terrenos favorables
Como ya dijimos, no siempre la lucha guerrillera se va a desarrollar en el terreno más favorable a la aplicación de sus tácticas; pero en el caso en que esto ocurra, es decir, en que el grupo guerrillero esté asentado sobre zonas de difícil acceso, ya porque el monte sea intrincado, haya montañas abruptas, desiertos intransitables, o ciénagas, la táctica general tendrá que ser siempre la misma y basarse en los postulados fundamentales de la guerra de guerrillas.
Un punto importante a considerar es el modo de hacer contacto con el enemigo. Si la zona es tan intrincada, tan adversa que no pueda llegar hasta ella en ningún momento un ejército organizado, la guerrilla deberá avanzar hasta las zonas donde pueda llegar este ejército, donde haya posibilidad de combate.
La guerrilla debe combatir pasado el primer momento después de asegurada su supervivencia. Tiene que salir constantemente de su refugio a pelear, su movilidad no tiene que ser tanta como en los casos en que el terreno es desfavorable; tendrá, que adecuarse a las condiciones del enemigo, pero no es necesario un desplazamiento como el que está implícito en lugares donde el enemigo pueda concentrar gran cantidad de hombres en pocos momentos. No es tampoco tan importante el carácter de nocturnidad de esta guerra; podrá en muchos casos hacerse operaciones de día y, sobre todo, efectuar movilizaciones diurnas, todo esto supeditado a la vigilancia enemiga por tierra y por aire. Al mismo tiempo, se puede persistir en una acción guerrera durante mucho más tiempo, en las montañas sobre todo; se puede entablar combates de larga duración con muy pocos elementos y es muy probable que se logre impedir la llegada de refuerzos enemigos hasta el escenario de la lucha.
La guerra en terreno favorable y, particularmente, en las montañas, presenta, frente a tantas ventajas, el inconveniente de que es difícil tomar en una sola operación una cantidad considerable de armas y parque debido a las precauciones que toma el enemigo en estas regiones (nunca el soldado guerrillero debe olvidar el hecho de que debe ser el enemigo la fuente de abastecimiento del parque las armas). Pero mucho más rápidamente que en terrenos desfavorables, podrá la guerrilla asentarse, sedentarizarse, es decir, formar un núcleo capaz de establecer una guerra de posiciones, donde instale, adecuadamente protegidas de la aviación o de la artillería de largo alcance, las pequeñas industrias que ha de necesitar, así como los hospitales, centros educativos y de entrenamiento, además de los almacenes, órganos de difusión, &c.
Las armas preferibles para este tipo de guerra son las de largo alcance, con poco gasto de balas apoyadas por un grupo de armas automáticas o semiautomáticas. De los fusiles y ametralladoras que hay en los mercados norteamericanos, una de las armas más recomendables es el fusil M-1, denominado Garand, que debe ser usado por gente con cierta experiencia, pues tiene el inconveniente de gastar demasiado parque. Se pueden usar armas de tipo semipesado como ametralladoras de trípode con más margen de seguridad para ella y sus servidores en los terrenos favorables, pero siempre debe ser un arma de contención y nunca de ataque.
Guerra en terrenos desfavorables
Para hacer la guerra en este tipo de terrenos, es decir, no muy accidentados, sin bosques, con muchas vías de comunicación, deben cumplirse todos los requisitos fundamentales de la guerra de guerrillas, sólo que cambiarán las formas de hacerlo. Cambiará, digamos, la cantidad, no la calidad de la guerra de guerrillas. Por ejemplo: para seguir el mismo orden anterior, la movilidad de este tipo de guerrillas debe ser extraordinaria, el golpe dado, con preferencia nocturno, debe ser sumamente rápido, explosivo casi, y la retirada no solamente veloz sino que debe la guerrilla moverse hacia lugares distintos al de su origen, lo más lejos posible de la acción, considerando siempre que no haya una posibilidad de guarecerse en un lugar inaccesible a las fuerzas represivas.
Un hombre puede caminar durante las horas de la noche entre treinta y cincuenta kilómetros, pero durante las primeras horas del día también se puede marchar, salvo que las zonas de operaciones no estén perfectamente controladas y haya el peligro de que los vecinos del lugar vean la tropa pasar y comuniquen al ejército perseguidor la situación, en dónde la vio y el rumbo. Siempre es preferible, en estos casos, actuar de noche, en el mayor silencio posible antes y después de realizar la acción y se deben elegir las primeras horas nocturnas. También aquí los cálculos fallarán pues habrá veces que las horas de la madrugada serán mejores. Nunca conviene habituar al enemigo a una forma determinada de guerra; hay que variar constantemente los lugares y las horas de operación y las formas de hacerlo también.
la acción no puede ser persistente sino rápida; tiene que ser de un grado de efectividad muy grande, de pocos minutos, seguida de una retirada inmediata. Las armas empleadas aquí no serán las mismas que en los casos de terrenos favorables; es preferible tener la mayor cantidad de automáticas; en los ataques nocturnos la puntería no es un factor determinante sino la concentración de fuego; cuanto más armas automáticas tiren a menor distancia, más posibilidades hay de que el enemigo sea aniquilado.
Además, las explosiones de las minas en los caminos y la destrucción de puentes, son factores de mucha importancia a tener en cuenta; la agresividad será mucho menor en cuanto a persistencia de los ataques, en cuanto a continuidad de los mismos, pero podrán ser de mucha violencia, podrán utilizarse armas diferentes también, como las minas ya descritas y la escopeta. En vehículos descubiertos y muy cargados de hombres que son, en general, los utilizados para el transporte de tropas, e incluso en vehículos cubiertos que no tengan defensas especiales, como pueden ser ómnibus o similares, la escopeta es un arma tremenda.
En cuanto a esto de la utilización de las armas pesadas tomadas al enemigo, es natural que no se puede desperdiciar ninguna, pero hay armas, como la misma ametralladora de trípode, ametralladora pesada calibre cincuenta, &c., que si son tomadas, podrán ser utilizadas con un sentido de conformidad frente a su pérdida eventual; es decir, no podrá darse una batalla en las condiciones desfavorables que estamos analizando para defender una ametralladora pesada o algún otro utensilio de este tipo; simplemente utilizarla hasta el momento táctico en que sea preciso abandonarla en una posición. En nuestra guerra de liberación, abandonar un arma constituía un grave delito y no se dio nunca el caso de que se admitiera un pretexto como el apuntado, pese a lo cual, lo expresamos, explicando claramente la única situación en que no constituiría motivo de escarnio. El arma del guerrillero en terrenos desfavorables es la personal de tiro rápido.
Las mismas características de fácil acceso son las que en general permiten que la zona sea habitable y que haya una buena concentración campesina en esos lugares, y eso favorecerá enormemente el abastecimiento; teniendo gente de confianza, haciendo contacto con los establecimientos encargados de expender víveres a la población, se puede mantener perfectamente una guerrilla sin tener que dedicar tiempo ni mucho dinero a líneas de comunicaciones largas y peligrosas. Las comunicaciones serán mucho más fáciles en el sentido de poder contar con mayor número de hombres, muchas más vías para llevarlas a cabo, pero serán mucho más difíciles en cuanto a la seguridad necesaria para poder llevar un mensaje a un lugar lejano, pues habrá que contar con una serie de contactos en los cuales se tendrá que confiar y existirá el peligro de una eventual captura de alguno de los mensajeros que transiten constantemente por zonas enemigas.
Guerra suburbana
Si en un momento dado, en la guerra de guerrillas, se llega al acoso de las ciudades, a penetrar de tal manera el campo circundante, que puedan establecerse, en condiciones de cierta seguridad, será necesario darles a éstas una educación especial o, mejor dicho, una organización especial.
Es fundamental precisar que nunca puede surgir por sí misma una guerrilla suburbana. Tendrá nacimiento después de que se creen ciertas condiciones necesarias para que pueda subsistir, y esto mismo indica que la guerrilla suburbana estará directamente a las órdenes de jefes situados en otra zona. Por tanto, la función de esta guerrilla no será llevar a cabo acciones independientes, sino de acuerdo con planes estratégicos preconcebidos, de modo tal que su función sea la de secundar la acción de los grupos mayores situados en otra área y contribuir específicamente al éxito de determinada concepción táctica, sin la amplitud operacional que tienen las guerrillas de los otros tipos. Es decir, una guerrilla suburbana no podrá optar entre tumbar teléfonos o ir a hacer atentados en otro lugar, o sorprender una patrulla de soldados en un camino lejano; hará exactamente lo que se le diga. Si su función es cortar postes de teléfono, tendidos eléctricos, alcantarillados, vías férreas, acueductos, deberá limitarse a cumplir estas funciones a cabalidad.
Su integración numérica no debe pasar de cuatro o cinco hombres. Es importante la limitación del número porque la guerrilla suburbana debe ser considerada como situada en terrenos excepcionalmente desfavorables, donde la vigilancia del enemigo será mucho mayor y las posibilidades de represalias aumentan enormemente así como las de una delación.
Cualidades esenciales de este guerrillero deben ser la disciplina, en mayor grado quizás que ninguno, y la discreción. No podrá contarse con más de dos o tres casas amigas que brinden el alimento; es casi seguro que un cerco en esas condiciones equivalga a la muerte; las armas, además no serán de la misma categoría que las de los otros núcleos. Serán de defensa personal, sólo las que no obstaculicen una huida rápida y un escondite seguro. No deberán tener sino una carabina o una escopeta recortada o dos y los demás miembros, pistolas, como armas óptimas.
Si hay más de una guerrilla, dependerán todas de un solo jefe, el que ordenará los trabajos necesarios a través de contactos de probada confianza que hagan vida civil. Podrá en ciertos casos el guerrillero mantener su trabajo de épocas de paz, pero esto es muy difícil; prácticamente, la guerrilla suburbana es un grupo de hombres que ya está fuera de la ley, que tiene complexión de ejército, situado en las condiciones tan desfavorables que hemos descrito.
La importancia de una lucha suburbana ha sido muy desestimada, pero es extraordinaria. Un buen trabajo de este tipo, extendido sobre una amplia área, paraliza casi completamente la vida comercial e industrial de ese sector y coloca a la población entera en una situación de intranquilidad, de angustia, de ansias casi del desarrollo de sucesos violentos para salir de esa espera. Si desde el primer momento del inicio de la guerra se piensa en la posibilidad futura y se van organizando especialistas en este tipo de lucha, se garantizará una acción mucho más rápida y por tanto un ahorro de vidas y del precioso tiempo de la nación.
El guerrillero, reformador social
Ya habíamos identificado al guerrillero como un hombre que hace suya el ansia de liberación del pueblo y, agotados los medios pacíficos de lograrla, inicia la lucha, se convierte en la vanguardia armada de la población combatiente. Al comenzar la lucha, lo hace ya con la intención de destruir un orden injusto y, por lo tanto, más o menos veladamente con la intención de colocar algo nuevo en lugar de lo viejo.
El guerrillero, como reformador social, no sólo debe constituir un ejemplo en cuanto a su vida, sino que también debe orientar constantemente en los problemas ideológicos, con lo que sabe o con lo que pretende hacer en determinado momento y, además, con lo que va aprendiendo en el transcurso de los meses o años de guerra que actúan favorablemente sobre la concepción del revolucionario, radicalizándolo a medida que las armas han demostrado su potencia y a medida que la situación de los habitantes del lugar se ha hecho carne en su espíritu, parte de su vida, y comprende la justicia y la necesidad vital de una serie de cambios cuya importancia teórica le llegaba antes, pero cuya urgencia práctica estaba escondida la mayor parte de las veces.
El guerrillero como combatiente
La vida y característica del guerrillero, fundamentalmente esbozadas, exigen una serie de condiciones físicas, mentales y morales para adaptarse a ella y poder cumplir a cabalidad la misión encomendada.
La primera interrogación que surge es, ¿cómo debe ser el soldado guerrillero? Y hay que contestar que el soldado guerrillero debe ser preferentemente habitante de la zona. Porque allí tiene sus amistades a quienes recurrir personalmente; porque, al pertenecer a la misma zona, la conocerá -que es uno de los factores importantes de la lucha guerrillera el conocimiento del terreno- y, porque estará habituado a las vicisitudes que en ella pase y podrá entonces rendir un mejor trabajo, sin contar con que agregará a todo esto, el entusiasmo de defender lo suyo o luchar por cambiar el régimen social que atenta contra su mundo.
El combatiente guerrillero es un combatiente nocturno, y al decir esto se dice también que tiene todas las cualidades de la nocturnidad. Debe ser solapado, marchar hacia el lugar del combate, por llanos o montañas, sin que nadie se entere de sus pasos y caer sobre el enemigo aprovechando el factor sorpresa, muy importante de recalcar en este tipo de lucha. Luego del pánico que causa toda sorpresa, debe lanzarse a la lucha implacablemente, sin admitir una sola debilidad en los compañeros y aprovechando el menor indicio de ella por parte del contrario. Cayendo como una tromba, destruyéndolo todo, sin dar cuartel que no sea el que las circunstancias tácticas aconsejen, ajusticiando a quien haya que ajusticiar, sembrando el pánico entre los combatientes enemigos, pero, al mismo tiempo, tratando benévolamente a los vencidos indefensos, respetando también a los muertos.
El combatiente guerrillero debe arriesgar su vida cuentas veces sea necesario, estar dispuesto a rendirla sin el menor asomo de duda en el momento preciso pero, al mismo tiempo debe ser precavido y no exponerse nunca innecesariamente. Todas las precauciones posibles deben ser tomadas para evitar un desenlace adverso o un aniquilamiento. Por ello es importantísimo en todo combate la vigilancia total de los puntos por donde puedan llegar refuerzos al enemigo, incluso para evitar un cerco, cuyas consecuencias no suelen ser tan grandes en cuanto a la magnitud del desastre físico que ocasiona, sino del desastre moral que reporta la pérdida de fe en las posibilidades de la lucha.
Para que el guerrillero pueda sobrevivir en medio de las condiciones de la lucha y acción del enemigo, se precisa un grado de adaptabilidad que permita al combatiente identificarse con el medio en que vive, adaptarse a él, aprovecharlo lo más posible como su aliado. Al mismo tiempo precisa una rápida concepción y una inventiva instantánea que permita cambiar el curso de los hechos de acuerdo con la marcha de la acción decisiva.
Estas adaptabilidades e inventivas de los ejércitos populares son las que arruinan todas las estadísticas y las que frenan el impulso de los amos de la guerra.
El guerrillero no debe, de ninguna manera, dejar a un compañero herido a merced de las tropas enemigas pues la suerte de éste será, casi seguramente, la muerte. Cueste lo que cueste, hay que retirarlo de las zonas de combate para trasladarlo a un lugar seguro. Las más grandes fatigas y los más grandes peligros deben correrse para esta tarea. El soldado de guerrillas debe ser un extraordinario compañero.
Además de las cualidades morales que hemos apuntado, debe poseer una serie de cualidades físicas importantísimas. El soldado guerrillero tendrá que ser infatigable. Habrá que encontrar un más allá en el momento en que el cansancio parezca ser ya intolerable. Siempre tiene que relucir su gesto, sacado de lo más hondo del convencimiento, que obligue a dar otro paso, no el último tampoco, pues conseguirá otro, y otro, y otro hasta llegar al lugar designado por los jefes.
Debe ser sufrido hasta un grado extremo, no sólo para sobrellevar las privaciones de alimentos, de agua, de vestido y techo a que se ve sometido en todo momento, sino también para soportar las enfermedades y las heridas que muchas veces deben curarse sin mayor intervención del cirujano, con la sola acción de la naturaleza; y debe serlo así, porque la mayoría de las veces el individuo que abandona la zona guerrillera, para ir a curarse algún mal o alguna herida, es asesinado por el enemigo.
La organización de una guerrilla
La organización de una guerrilla no puede hacerse siguiendo un esquema rígido; habrá innumerables diferencias, producto de la adaptación al medio en que se aplique. Por razones de exposición supondremos que nuestra experiencia tiene valor universal, pero recordando siempre que, al divulgarla, se está dejando, en cada momento, la posibilidad de que haya una nueva manera de hacerlo que convenga más a las particularidades del grupo armado de que se trate.
El número de los componentes de la guerrilla es uno de los problemas más difíciles de precisar; hay diferentes números de hombres, diferente constitución de la tropa, como ya hemos explicado. Vamos a suponer una fuerza situada en terreno favorable, montañoso, con condiciones no tan malas como para estar en perpetua huida, pero no tan buenas como para tener base de operaciones. Un núcleo armado situado en este panorama no debe tener como unidad combatiente más de 150 hombres y ya esta cantidad es bastante alta; el ideal sería unos cien hombres. Esto constituye una columna y está mandada, también de acuerdo con la escala jerárquica cubana, por un comandante, es bueno recalcar que en nuestra guerra se hizo omisión de los grados de cabo y de sargento, por considerarlos representativos de la tiranía.
Partiendo de estas premisas, un comandante manda el total de las fuerzas, de 100 a 150 hombres, y habrá tantos capitanes como grupos de 30 ó 40 hombres puedan formarse. El capitán tiene la función de dirigir y aglutinar su pelotón, hacerlo pelear casi siempre unido y encargarse de la distribución y de la organización general del mismo. En la guerra de guerrillas la escuadra es la unidad funcional. Cada una, aproximadamente de 8 a 12 hombres, tiene un teniente, el que cumple unas funciones análogas a las de capitán para su grupo, pero tiene que estar en constante subordinación a éste.
La tendencia operacional de la guerrilla, que es actuar en núcleos pequeños, hace que la verdadera unidad sea la escuadra; 8 ó 10 hombres es el máximo que puede actuar unido en una lucha en estas condiciones y, por lo tanto, actuará el grupo bajo las órdenes del jefe inmediato, muchas veces separados del capitán aunque en el mismo frente de lucha, salvo circunstancias especiales. Lo que no se debe hacer nunca es fraccionar la unidad y mantenerse así en los momentos en que no hay lucha. Cada escuadra y pelotón tendrán asignados el sucesor inmediato en caso de que caiga el jefe, el que debe estar lo suficientemente entrenado para poder hacerse cargo inmediatamente de su nueva responsabilidad.
Cada guerrillero lleva su equipo completo pero hay una serie de implementos de importancia social dentro de la columna que deben ser distribuidos equitativamente. Para esto pueden establecerse dos criterios, dependiendo ellos de la cantidad de gente desarmada que tenga la tropa. Uno de ellos es el distribuir todos los objetos como medicinas, implementos médico-quirúrgicos u odontológicos, comida extra, vestuario, enseres generales sobrantes, implementos bélicos pesados, en forma igualitaria entre todos los pelotones, que se responsabilizarán de la custodia del material asignado. Cada capitán distribuirá los enseres entre las escuadras, y cada jefe de escuadra entre sus hombres. Otra solución a emplear, cuando no toda la tropa está armada, es hacer escuadras o pelotones especiales encargados del transporte; esto suele ser más beneficioso, pues no se recarga tanto al soldado, ya que los desarmados están libres del peso y responsabilidad del fusil. De este modo no corren tanto peligro de perderse las cosas, pues están más concentrados y al mismo tiempo constituye un incentivo para los portadores cargar más y mejor y demostrar más entusiasmo, ya que puede ser uno de los premios que permita el empuñar el arma en un futuro. Estos pelotones marcharán en las últimas posiciones y tendrán los mismos deberes y el mismo trato que el resto de la tropa.
La marcha debe ser no solamente uniforme y en orden establecido, sino que éste hay que mantenerlo siempre, de modo que se sepa que el pelotón número 1 es la vanguardia, el pelotón número 2 el que le sigue, en el medio el pelotón número 3 que puede ser la Comandancia; luego el número 4, y la retaguardia el pelotón número 5, o en el número de ellos que constituyan la columna, pero siempre conservando el orden. En marchas nocturnas el silencio debe ser mayor y la distancia entre cada combatiente acortarse, de modo de no sufrir extravíos, con el riesgo consecuente de verse obligado a dar voces o encender alguna luz. La luz es el enemigo del guerrillero en la noche
El combate
El combate es el drama más importante de la vida guerrillera. Ocupa sólo momentos en el desarrollo de la contienda; sin embargo estos instantes estelares adquieren una importancia extraordinaria pues cada pequeño encuentro es una batalla de índole fundamental para los combatientes.
Ya habíamos apuntado anteriormente que el ataque debe realizarse siempre de tal modo que de garantías de triunfo. Además de lineamientos generales sobre la función táctica del ataque en la guerra de guerrillas, se deben apuntar las diferentes características que pueda presentar cada acción. En primer lugar, adoptamos para la descripción el tipo de lucha en terreno apto, porque es realmente el modelo de origen de la guerra de guerrillas y es el aspecto en el cual se necesita manejar algunos principios anteriores a la experiencia práctica para resolver ciertos problemas. La guerra del llano es, como siempre, el producto de un avance de las guerrillas por su fortalecimiento y el de las condiciones del medio ambiente y esto lleva aparejado un aumento de la experiencia, de quien lo ejecuta y, por ende, un aprovechamiento de esa experiencia.
. El sistema de espionaje debe ser muy bien estudiado, muy bien trabajado y sus individuos elegidos con él máximo esmero. El mal que puede hacer en estos casos un «contraespía» es enorme, pero aún sin llegar a ese extremo, son muy grandes los males que pueden sobrevenir de resultas de una información exagerada, ya sea aumentando o disminuyendo el peligro. Es difícil que éste se disminuya. La tendencia general de hombre del campo es a aumentarlos y exagerarlos. La misma mentalidad mágica que hace aparecer fantasmas, y toda serie de seres sobrenaturales, crea también ejércitos monstruosos donde apenas hay un pelotón, una patrulla enemiga. Además, el espía debe ser lo más neutro posible, desconociéndose para el enemigo toda clase de conexión con las fuerzas de liberación. No es una tarea tan difícil como parece y se encuentran muchos a través de la guerra: comerciantes, profesionales y hasta religiosos pueden prestar su concurso en toda esta serie de tareas y dar el informe a tiempo.
Es una de las más importantes características de la guerra de guerrillas, la diferencia notable que hay entre la información que logran las fuerzas rebeldes y la información que poseen los enemigos. Mientras éstos deben transitar por zonas absolutamente hostiles, donde se encuentran con el hosco silencio de los campesinos, aquéllos, es decir los defensores, cuentan en cada casa con un amigo y hasta con un familiar y constantemente van circulando los partes a través de los sistemas de enlace hasta alcanzar la jefatura central de la guerrilla o el núcleo guerrillero que esté en la zona.
En todo tipo de combate el, factor muy importantepara su triunfo, es la correcta utilización de las reservas. El ejército guerrillero, por sus características, muy pocas veces puede contar con ellas, pues siempre da golpes donde hasta la labor del último individuo debe ser regulada y empleada en algo. Sin embargo, dentro de estas características, deben tenerse hombres listos en tal o cual lugar, para responder a un imprevisto y poder detener una contraofensiva o definir una situación en un momento dado. De acuerdo con la organización de la guerrilla y con las características y posibilidades del momento, se puede tener, para estos menesteres, un pelotón «comodín», pelotón que siempre debe ir a los lugares del mayor peligro, que puede bautizársele como «pelotón suicida» o con cualquier otro título, pero que en realidad cumpla las funciones que el nombre indica. Este pelotón «suicida» debe estar en todos los lugares donde se decida un combate; en los ataques por sorpresa de la vanguardia, en la defensa de los sitios más vulnerables y peligrosos, en fin, donde quiera que el enemigo amenace con quebrar la estabilidad de la línea de fuego.
Organización del frente guerrillero
Abastecimientos

Un correcto abastecimiento es fundamental para la guerrilla. El grupo de hombres en contacto con el suelo, tiene que vivir de los productos de este suelo y al mismo tiempo permitir que vivan los que se lo dan, es decir los campesinos del lugar, pues en la dura lucha guerrillera no es posible, sobre todo en los primeros momentos, dedicar energías a tener abastecimientos propios, sin contar con que estos abastecimientos serían fácilmente localizables y destruibles por las fuerzas enemigas, ya que se supone un territorio completamente permeabilizado para la acción de las columnas represivas. El abastecimiento en las primeras épocas es siempre interno.
Con el desarrollo de las condiciones guerrilleras tiene también que haber un abastecimiento exterior a las líneas o territorio de combate. En el primer momento se vivirá solamente de lo que los campesinos tengan; se podrá llegar a alguna bodega a comprar algo, pero nunca tener líneas de abastecimientos, pues no hay territorio donde establecerlas. La línea de abastecimiento y el almacén de comestibles están condicionados al desarrollo de la lucha guerrillera.
Organización civil
La organización civil del movimiento insurreccional es muy importante en cualquiera de los dos frentes: el externo y el interno. Naturalmente tienen características bastante diferentes y las funciones también, aún cuando realicen trabajos que puedan caer dentro de una misma denominación. No es igual, por ejemplo, la recaudación que pueda hacer el frente externo a la que pueda hacerse en el frente interno, ni la propaganda, ni el abastecimiento. Vamos a describir primero los trabajos del frente interno.
Al considerar «frente interno» estamos ya diciendo que es un lugar dominado, relativamente, por lo menos, por las fuerzas de liberación, y también debe suponerse que es un lugar apto para la guerra de guerrillas porque, cuando no se dan esas condiciones, es decir, cuando se están desarrollando luchas guerrilleras en zonas no aptas, la organización guerrillera aumenta en extensión pero no en profundidad; va canalizando nuevos lugares, pero no puede llegar a tener una organización interna pues está toda la zona permeabilizada por el enemigo. En el frente interno podemos tener una serie de organizaciones que cumplan su función específica para la mejor marcha de la administración.
En el frente exterior las funciones son diferentes en cuanto a calidad misma y en cuanto a cantidad también; por ejemplo, la propaganda debe ser de tipo nacional, orientadora, explicando las victorias obtenidas por los compañeros de la guerrilla, llamando a luchas efectivas de masas a obreros y campesinos y dando noticias, si las hubiera, de victorias obtenidas en este frente. La recaudación es totalmente clandestina, debe hacerse teniendo los mayores cuidados posibles y aislando completamente la cadena entre el primer recaudador pequeño y el tesorero de la organización.
Esta organización debe estar distribuida en zonas que se complementen para formar un todo, zonas que pueden ser provincias, estados, ciudades, aldeas, depende de la magnitud del movimiento. En todos ellos tiene que haber una comisión de finanzas que se ocupe de la orientación de la recaudación. Se puede recaudar dinero mediante bonos o mediante donativos directos, e incluso, ya más avanzado el proceso de la lucha, cobrar impuestos, ya que los industriales deberán hacerlos efectivos por la gran fuerza que tenga el ejército insurrecto. El abastecimiento debe condicionarse a las necesidades expuestas por las guerrillas y estará organizado en forma de ir encadenando las mercancías, de tal modo que las más comunes se logren en los lugares cercanos, buscando en los centros mayores las cosas verdaderamente escasas o imposibles de conseguir en otros puntos y así sucesivamente tratando siempre de que la cadena sea lo más limitada posible, esté en conocimiento del menor número de hombres y pueda así cumplir por más tiempo su misión.
Papel de la mujer
El papel que puede desempeñar la mujer en todo el desarrollo de un proceso revolucionario es de extraordinaria importancia. Es bueno recalcarlo, pues en todos nuestros países, de mentalidad colonial, hay cierta subestimación hacia ella que llega a convertirse en una verdadera discriminación en su contra. La mujer es capaz de realizar los trabajos más difíciles, de combatir al lado de los hombres y no crea, como se pretende, conflictos de tipo sexual en la tropa.
En la rígida vida combatiente, la mujer es una compañera que aporta las cualidades propias de su sexo, pero puede trabajar lo mismo que el hombre. Puede pelear; es más débil, pero no menos resistente que éste. Puede realizar toda la clase de tareas de combate que un hombre haga en un momento dado y ha desempeñado, en algunos momentos de la lucha en Cuba, un papel relevante.
Naturalmente, las mujeres combatientes son las menos. En los momentos en que ya hay una consolidación del frente interno y se busca eliminar lo más posible los combatientes que no presenten las características físicas indispensables, la mujer puede ser dedicada a un considerable número de ocupaciones específicas, de las cuales, una de las más importantes, quizás la más importante, sea la comunicación entre diversas fuerzas combatientes, sobre todo las que están en territorio enemigo.
Sanidad
Uno de los graves problemas que confronta el guerrillero es su indefensión frente a todos los accidentes de la vida que lleva y sobre todo frente a las heridas y enfermedades, muy frecuentes en la guerra de guerrillas. El médico cumple en la guerrilla una función de extraordinaria importancia, no sólo la estricta de salvar vidas, en que muchas veces su intervención científica no cuenta, dados los mínimos recursos de que está dotado, sino también en la tarea de respaldar moralmente al enfermo y de hacerle sentir que junto a él hay una persona dedicada con todos los esfuerzos a aminorar sus males y la seguridad de que esa persona va a permanecer al lado del herido o enfermo hasta que se cure o pase el peligro.
La organización de los hospitales depende mucho del momento histórico de las guerrillas. Se pueden dar tres tipos fundamentales de organizaciones hospitalarias que corresponden a las formas de vida.
En este desarrollo histórico tenemos una primera fase nómada. En ella el médico, si es que lo hay, viaja constantemente con sus compañeros, es un hombre más, tendrá muy probablemente que hacer todas las otras funciones del guerrillero, incluso la de pelear, y tendrá sobre sí la fatigosa y a veces desesperante tarea de tratar casos en los cuales se puede salvar una vida con un tratamiento adecuado y no existen los medios para ello. Es la etapa en que el médico tiene más influencia sobre la tropa, más importancia en su moral. En este momento del desarrollo de las guerrillas, el médico alcanza a plenitud su característica de verdadero sacerdote que parece llevar para los hombres, en su mochila desprovista, el consuelo necesario. Es incalculable lo que significa para el que está sufriendo, una simple aspirina, dada por la mano amiga de quien siente y hace suyos los sufrimientos. Por eso, el médico de la primera época debe ser una persona totalmente identificada con los ideales de la revolución, pues su prédica prenderá en la tropa con mucho más vigor que la dada por cualquier otro miembro de ella.
En el curso de los acontecimientos normales de la guerra de guerrillas, se pasa a otra etapa que podríamos llamar «seminómada». En este momento hay campamentos, frecuentados por lo menos, por la tropa guerrillera; casas amigas de entera confianza donde se pueden guardar objetos e incluso dejar heridos y la tendencia cada vez más marcada de la tropa a sedentarizarse. En este momento la tarea del médico es menos fatigosa, puede tener un equipo quirúrgico de extrema urgencia en su mochila y tener otro más vasto, para operaciones más calmas, en alguna casa amiga. Pueden dejarse los enfermos y heridos al cuidado de los campesinos que, amorosamente, prestarán su auxilio y contar con un mayor numero de medicinas guardadas en lugares convenientes, las que deben estar perfectamente catalogadas, o lo mejor catalogadas posible, dentro de las circunstancias en que se vive. En esta misma etapa seminómada, si llega a haber lugares absolutamente inaccesibles se pueden establecer hospitales o casas hospitales donde vayan los heridos y enfermos a reponerse.
En la tercera etapa, cuando ya hay zonas inconquistables para el enemigo, es cuando se estructura de verdad una organización hospitalaria. En su etapa más perfecta dentro de las posibilidades, puede constar de tres centros de diferentes categorías. Al nivel de la línea de combate debe haber un médico, el combatiente, el más querido por la tropa, el hombre de batalla, cuyos conocimientos no tienen que ser demasiado profundos; y digo esto porque la labor en aquellos momentos es más que todo de alivio y de preparación del enfermo o herido y la real tarea médica se hará en hospitales más profundamente situados. No debe sacrificarse a un cirujano de calidad en las líneas de fuego. Las medicinas necesarias deben obtenerse a través de los contactos con organizaciones de sanidad que estén en la retaguardia del enemigo, aun cuando en algunos casos se pueden conseguir incluso de la organización de la Cruz Roja Internacional, pero no se debe contar con esta posibilidad, y menos en los primeros momentos de la lucha. Hay que organizar un aparato que permita traer rápidamente el medicamento necesario en caso de peligro e ir abasteciendo a todos los hospitales de lo necesario para su trabajo, tanto militar como civil. Además, deben hacerse contactos con médicos de las localidades cercanas, capaces de intervenir algunos heridos que no estén al alcance de la capacidad o de los medios con que cuenta el de la guerrilla.
Los médicos necesarios para este tipo de guerra son de varias características; el médico combatiente, el compañero de sus hombres, es el tipo de primer momento y sus funciones van finalizando a medida que se va complejizando la acción de la guerrilla y se van estructurando una serie de organismos anexos. Los cirujanos generales, son la mejor adquisición para un ejército de estas características. Si se contara con un anestesista sería mejor, aun cuando casi todas las operaciones sean realizadas más que con anestesia gasificada con la base de «largactil» y pentotal sódico, mucho más fáciles de administrar y también de conseguir y conservar. Además de los cirujanos generales, son muy útiles los ortopédicos, pues hay cantidad de fracturas provocadas por accidentes en la zona y, también, muy frecuentemente, por balas en los miembros, que producen este tipo de herida. El clínico cumple su función dentro de la masa campesina, pues en general las enfermedades de los ejércitos guerrilleros son de muy fácil diagnóstico, al alcance de cualquiera, y lo más difícil es la corrección de las mismas que se producen por carencias nutricionales.
Sabotaje
El sabotaje es una de las armas inapreciables de los pueblos que luchan en forma guerrillera. Corresponde su organización directamente a la parte civil o clandestina, pues el sabotaje se deberá hacer solamente fuera de los territorios dominados por el ejército revolucionario, como es natural, pero esta organización debe estar directamente comandada y orientada por el estado mayor de las guerrillas que será el encargado de establecer cuáles son las industrias, comunicaciones u objetivos de cualquier tipo que serán atacados con preferencia.
El sabotaje no tiene nada que ver con el terrorismo; el terrorismo y el atentado personal son fases absolutamente diferentes. El sabotaje debe ser de dos tipos: un sabotaje en escala nacional sobre determinados objetivos y un sabotaje cercano a las líneas de combate. El sabotaje de escala nacional debe estar fundamentalmente destinado a destruir las comunicaciones. Cada tipo de comunicación puede ser destruido en una forma diferente; todas ellas son vulnerables. Por ejemplo, los postes telegráficos y telefónicos son fácilmente destruibles, aserrándolos casi hasta el total de modo que de noche presenten un aspecto inofensivo, y de pronto, con una patada cae un poste que arrastra en su caída a todos los que están débiles y se produce un apagón de considerable magnitud.
También se puede atacar los puentes, dinamitándolos y, si no hay dinamita, los de acero se tumban perfectamente con soplete oxídrico. Un puente de tipo colgante de acero, debe ser cortado en su viga maestra y además en la viga superior que sostiene la estructura. Una vez cortadas al soplete estas dos vigas se irá hacia el otro extremo cortando también las correspondientes a ese lado. En esta forma el puente caerá completamente sobre un lado y se retorcerá, destruyéndose. Es la forma más efectiva para derribar un puente de hierro sin dinamita. Los ferrocarriles deben ser destruidos también, las vías, alcantarillas; a veces volados los trenes, dependiendo siempre del poderío de la guerrilla.
Las industrias vitales de cada región, en momentos definitivos, también serán destruidas, utilizando para ello el equipo necesario. En estos casos hay que tener una concepción global del problema y estar bien conteste de que no se puede destruir una fuente de trabajo si no es en un momento decisivo, pues lo que trae como consecuencia es un desplazamiento masivo de obreros y el hambre. Las industrias de los personeros del régimen (tratando de convencer a los obreros de la necesidad de hacerlo), deben ser eliminadas, salvo que traiga consecuencias sociales muy graves.
La propaganda
La difusión de la idea revolucionaria a través de los vehículos necesarios para ella, debe hacerse con la mayor profundidad posible. Esto lleva aparejado todo un equipo y una organización que lo respalde. Esta organización debe ser de dos tipos y complementarse para cubrir todo el ámbito nacional; desde fuera, es decir la organización civil nacional, y desde dentro, es decir en el seno del ejército guerrillero. Para coordinar estas dos propagandas, cuya función está estrechamente unida, debe haber un solo organismo director.
La propaganda de tipo nacional desde organizaciones civiles fuera del territorio liberado, debe hacerse con periódicos, boletines y proclamas. Los periódicos más importantes se ocuparán de las cosas generales del país e irán informando al público la situación exacta de las fuerzas guerrilleras, atendiendo siempre al principio fundamental de que la verdad, a la larga, resulta beneficiosa para los pueblos. Además de estas publicaciones de tipo general, debe haber otras más especializadas para diversos sectores de la población. La publicación campesina debe traer a esta clase un mensaje de sus compañeros de todas las zonas liberadas que ya han sentido los efectos beneficiosos de la revolución y difundir por ese medio las aspiraciones del campesinado. Un periódico obrero de las mismas características, con la sola diferencia que no siempre habrá un mensaje de la parte combatiente de la clase, pues es fácil que no existan organizaciones obreras en el marco de una guerra de guerrillas, en etapa que no sea de las postreras.
La propaganda más efectiva es la que se hará desde dentro de la zona guerrillera. Se dará preferencia a la difusión de las ideas para los naturales de la zona, explicando teóricamente el hecho, para ellos conocido, de la insurrección. En esta sección habrá también periódicos campesinos, el órgano general de todas las fuerzas guerrilleras y boletines y proclamas, además del radio.
Información
«Conócete a ti mismo y a tu adversario y podrás librar cien batallas sin un solo desastre.» Este aforismo chino vale para la guerra de guerrillas como salmo bíblico. No hay nada que ayude más a las fuerzas combatientes que la correcta información. Esta tendrá un aspecto espontáneo, dado por los habitantes del lugar que irán a contar a su ejército amigo, a sus aliados, lo que ocurre en tal o cual lugar pero, además, debe estar perfectamente estructurada. Así como vimos que debería haber postas, correos, &c., dentro de las zonas guerrilleras para los contactos necesarios y fuera de la misma, para llevar mercancías, la información deberá estar directamente y fundamentalmente en contacto con los frentes enemigos; deben allí infiltrarse los hombres y las mujeres, sobre todo mujeres, estar en contacto permanente con los soldados y paulatinamente ir averiguando lo averiguable. Hay que establecer también el sistema de coordinación, para que el cruce de las líneas enemigas al campo guerrillero se realice sin tropiezo.
Entrenamiento y adoctrinamiento
El entrenamiento del soldado libertador, en lo fundamental, es la propia vida de la guerrilla y no puede existir un jefe que no haya aprendido en el ejercicio diario de las armas su difícil oficio. Podrá convivir con algunos compañeros que vayan enseñándole algo del manejo de las armas, de las nociones de orientación, de la forma de tratar a la población civil, de pelear, &c., pero no se consume, no se distrae el precioso tiempo de la guerrilla en una enseñanza metodizada. Eso sólo ocurre cuando ya hay un área grande liberada y se necesitan gran cantidad de brazos que cumplan una función combativa. Entonces se fundan las escuelas de reclutas.
Estas escuelas cumplen en ese momento una función importantísima; van a dar el nuevo soldado, el que viene ya sin pasar por ese gran tamiz que es para la guerrilla las privaciones formidables de la vida combatiente. Al primero, las privaciones soportadas lo convierten en un verdadero elegido, después de haber pasado por pruebas dificilísimas para llegar a incorporarse al reino de un ejército mendigo que no deja huellas de su paso por ningún lado. Deben hacerse ejercicios físicos, fundamentalmente de dos tipos: una gimnasia ágil con enseñanzas para la guerra de tipo comando, agilidad en el ataque y en la retirada, y marchas violentas, extenuantes, que vayan endureciendo al recluta para esta existencia. Realizar, sobre todo, vida al aire libre. Sufrir todas las inclemencias del tiempo en un estrecho contacto con la naturaleza, como se hace en guerrilla.
La escuela de reclutas tiene que tener trabajadores que atiendan su autoabastecimiento; para ello debe haber establos, granjas, huertos, vaquería, todo lo necesario para que no pese sobre el presupuesto general del ejército guerrillero. Los alumnos podrán ser rotativos en el trabajo de abastecimiento, mandarse castigados los más malos o, simplemente de voluntarios.
Eso depende ya e características propias de la zona donde se vaya a realizar la escuela. Nosotros creemos que un buen principio es el de poner allí a voluntarios y cubrir las cuotas de trabajo necesario con los que tengan peor conducta o menor disposición para el aprendizaje de la guerra.
Debe tener la escuela su pequeña organización de sanidad, con un médico o enfermero, de acuerdo con las posibilidades, que brinde a los reclutas la mejor atención posible.
El tiro es el aprendizaje fundamental. El guerrillero debe ser un hombre de mucha preparación en ese punto, tratando de gastar la menor cantidad posible de parque. Empieza haciendo lo que se llama tiro en seco. Consiste en un armatoste cualquiera de palo, donde el rifle se asienta firmemente. Los reclutas apuntan sin mover el fusil a un blanco situado en una zona determinada que se va moviendo de uno a otro lado sobre un fondo que permanece firme. Si los tres tiros dan en un solo punto es excelente. Cuando hay un poquito más de posibilidades se pueden empezar las prácticas de tiro con riflecitos calibre 22, de mucha utilidad en estos casos. En circunstancias especiales, en que sobre parque o haya mucha necesidad de preparar algunos soldados, se les dará la oportunidad de hacer disparos con balas.
Una de las materias más importantes de la escuela de reclutas, que teníamos nosotros como básica, y que puede darse o no en cualquier otro lugar del mundo, son los ataques aéreos. Nuestra escuela había sido perfectamente identificada desde el aire y centralizaban sus ataques, una o dos veces diarias sobre el campamento. La forma en que el alumno resistía el embate de estos continuos bombardeos sobre sus lugares de instrucción habituales era algo que prácticamente definía a estos muchachos sobre sus posibilidades para ser un soldado útil durante la contienda.
La parte importante, la que nunca se debe descuidar en la escuela de reclutas, es el adoctrinamiento, importante porque los hombres llegan a ingresar sin una concepción clara de por qué vienen, solamente con conceptos totalmente difusos sobre la libertad, la libertad de prensa, &c., sin fundamento lógico alguno. Por ello el adoctrinamiento debe hacerse durante el mayor tiempo posible y con la mayor dedicación.
La organización estructural del ejército de un movimiento revolucionario
Como ya hemos visto, un ejército revolucionario de tipo guerrillero, cualquiera que sea la zona de operaciones, debe contar además con una organización no combatiente que le preste una serie de apoyos importantísimos para su misión. Veremos entonces que toda esta organización converge hacia el ejército para prestarle su máxima ayuda pues, evidentemente, será la lucha armada el factor esencial del triunfo.
La organización militar se hace sobre la base de un jefe, en el caso de la experiencia cubana Comandante en Jefe, que nombre a su vez los diferentes comandantes de regiones o de zonas, con potestad éstos para gobernar su territorio de acción, para nombrar comandantes de columna, es decir jefes de cada columna, y los demás grados inferiores.
Después de comandante en jefe estarían los jefes de zona, es decir un comandante con varias columnas donde haya otros comandantes subordinados a él cuyo tamaño variará de acuerdo con las circunstancias. Después, comandante de columna, capitán y, en nuestra organización guerrillera, teniente que es el último grado. Es decir, se asciende de soldado a teniente.
No es un modelo, es la descripción de una realidad, de cómo operó en un país y cómo con esa organización se pudo llegar a obtener el triunfo sobre un ejército bastante bien organizado y armado. No es de ninguna manera, y en este caso menos que en otros, una ejemplarización. Simplemente es mostrar cómo se van sucediendo los hechos, cómo puede organizarse una fuerza armada. No tienen importancia los grados, en definitiva; lo que tiene importancia es que nunca se dé un grado que no corresponda a la fuerza efectiva de combate que haya, que no se dé un grado que esté reñido con la moral y con la justicia, que no haya sido pasado por el tamiz del sacrificio y de la lucha.
Organización en la clandestinidad de la primera guerrilla

Aunque la guerra de guerrillas cumple una serie de leyes derivadas de las generales de la guerra y, además, las propias de su tipo, es obvio que debe iniciarse con una tarea conspirativa alejada de la acción del pueblo y reducida a un pequeño núcleo de iniciados, si realmente se pretende empezar esta guerra desde algún otro país o desde regiones distintas y lejanas dentro del mismo país. Si el movimiento guerrillero nace por la acción espontánea de un grupo de individuos que reaccionan contra un método de coerción cualquiera, es posible que no se necesite otra condición que la organización posterior de ese núcleo guerrillero para impedir su aniquilamiento, pero en general, una lucha de guerrilla se inicia por una voluntad ya elaborada; algún jefe de prestigio la levanta para la salvación de su pueblo, y este hombre debe trabajar en condiciones difíciles en algún otro país extranjero.
Casi todos los movimientos populares que se han intentado en los últimos tiempos contra los dictadores, han adolecido de la misma falla fundamental de una inadecuada preparación; es que las reglas conspirativas, que exigen un trabajo sumamente secreto y delicado, no se cumplen por lo general en estos casos que hemos citado; lo más frecuente es que el poder gobernante en el país sepa ya de las intenciones del grupo o grupos, por su servicio secreto o por imprudencia manifiesta o en otros casos, por manifestaciones directas como ocurrió en el nuestro, en que la invasión estaba anunciada y sintetizada en la frase: «en el año 56 seremos libres o seremos mártires», de Fidel Castro.
Esto indica que la primera base sobre la que debe establecerse el movimiento, es sobre un secreto absoluto, sobre la total ausencia de informaciones para el enemigo y la segunda, también muy importante, es la selección del material humano; a veces esta selección se realiza fácilmente, otras es extremadamente difícil hacerlo, puesto que hay que contar con los elementos que haya a mano, exilados por muchos años, o que se presentan al hacerse llamamientos o simplemente porque entienden que es su deber enrolarse en la lucha por liberar a su patria, &c., y no hay las bases necesarias para hacer una investigación completa sobre el individuo. No obstante todo ello, aun cuando se introdujeran elementos del régimen enemigo, es imperdonable que puedan dar posteriormente sus informaciones, puesto que en los momentos previos a la acción deben concentrarse en lugares secretos conocidos por una o dos personas solamente, todos los que van a participar en la misma, estrechamente vigilados por sus jefes y sin el más mínimo contacto con el mundo circundante. Mientras se hacen los preparativos de concentración para salir ya o porque hay que hacer un entrenamiento previo o simplemente huir de la policía, hay que mantener siempre a todos los elementos nuevos y sobre los que no se tiene un cabal conocimiento, alejados de los lugares claves.
Nadie, absolutamente nadie, debe saber, en condiciones de clandestinidad, sino lo estrictamente indispensable y nunca se debe hablar delante de nadie. Cuando ya se hayan realizado ciertos tipos de concentración, es imprescindible controlar hasta las cartas que salen y llegan, de modo de tener un conocimiento total de los contactos que el individuo haga; no se debe permitir que nadie viva solo, ni siquiera que salga solo, deben evitarse por todos los medios los contactos personales, de cualquier índole, del futuro miembro del Ejército Libertador. Un factor sobre el que hay que poner énfasis, que suele ser aquí tan negativo, como positivo su papel en la lucha, es la mujer; se conoce la debilidad que tienen los hombres jóvenes, alejados de sus medios habituales de vida, en situaciones incluso psíquicas especiales, por la mujer, y como los dictadores conocen bien esta debilidad, a ese nivel tratan de infiltrar sus espías. A veces son claros y casi descarados los nexos de estas mujeres con sus superiores, otros es sumamente difícil descubrir siquiera el más mínimo contacto, por ello también es necesario impedir las relaciones con mujeres.
El revolucionario que está en la situación clandestina preparándose para una guerra, debe ser un perfecto asceta y además sirve esto para probar una de las cualidades que posteriormente será la base de la autoridad, como es la disciplina. Si un individuo reiteradamente burla las órdenes de sus superiores y hace contactos con mujeres, contrae amistades no permitidas, &c., debe separársele inmediatamente, no ya contando los peligros potenciales de contactos, sino simplemente por violación de la disciplina revolucionaria.
No se debe pensar nunca en el auxilio incondicional de un gobierno como base para operar en territorio de ese gobierno, amigo o simplemente negligente; constantemente hay que tratar la situación como si se estuviera en un campo completamente enemigo, salvo las naturales excepciones que puedan haber en este campo pero, más que nada confirmatorias de la regla general.
No se puede hablar aquí del número de la gente que se va a preparar. Depende eso de tantas y tan variadas condiciones que es prácticamente imposible hacerlo; solamente se puede hablar del número mínimo con que se puede iniciar una guerra de guerrillas. En mi concepto, considerando las naturales deserciones y flaquezas, a pesar del rigurosísimo proceso de selección, debe contarse con una base de 30 a 50 hombres; esta cifra es suficiente para iniciar una lucha armada en cualquier país del mundo americano con las situaciones de buen territorio para operar, hambre de tierra, ataques reiterados a la justicia, &c.
Las armas, ya se ha dicho, deben ser del tipo que usa el enemigo. Como medida aproximada, considerando siempre en principio todo gobierno como hostil a una acción guerrera emprendida desde su territorio, los núcleos que se preparan no deben ser superiores a los 50 ó 100 hombres por unidad; es decir, no hay ninguna oposición a que sean 500 hombres que van a iniciar una guerra, por ejemplo, pero no deben estar los 500 concentrados. Primero porque son muchos y llaman la atención y luego, porque en caso de cualquier traición, de cualquier interferencia, de cualquier confidencia, cae todo el grupo; en cambio, es mucho más difícil ocupar simultáneamente varios lugares.
Defensa del poder conquistado

Naturalmente, no hay victoria definitivamente obtenida si no se procede a la ruptura sistemática y total del ejército que sostenía al régimen antiguo. Más aún, se debe ir a la ruptura sistemática de toda la institucionalidad que amparaba al antiguo régimen, sólo que esto es un manual de guerrillas y nos concretaremos entonces a analizar la tarea de la defensa nacional en caso de guerra, en caso de agresión contra el nuevo poder.
El primer acontecimiento con que nos encontraremos es que la opinión pública mundial, «la prensa seria», las «veraces» agencias de noticias de los Estados Unidos y de otras patrias del monopolio, comenzarán un ataque contra el país liberado, que será tan agresivo y sistemático como agresivas y sistemáticas sean sus leyes de reivindicación popular. Es por esto que no puede existir ni siquiera el esquema del antiguo ejército y tampoco los hombres que lo integraban. El militarismo, la obediencia mecánica, los conceptos del deber militar a la antigua, de la disciplina y de la moral a la antigua, no pueden ser desarraigados de golpe, menos aún, permanecer en estado de convivencia los triunfadores, aguerridos, nobles, bondadosos, pero casi siempre sin la mínima cultura general y el derrotado, orgulloso de su saber militar, especializado en alguna arma de combate por ejemplo, o con conocimientos de matemáticas, de fortificaciones, de logística, &c., odiando con todas sus fuerzas al guerrillero inculto.
Debe estructurarse inmediatamente un cuerpo que se encargue de sembrar entre todas las unidades del ejército las nuevas verdades de la revolución. Ir explicando a los soldados, campesinos u obreros salidos de las entrañas del pueblo, la justicia y la verdad de cada hecho revolucionario, cuáles son las aspiraciones de la revolución, por qué se lucha, por qué han muerto todos los compañeros que no alcanzaron a ver la victoria. Y, unido a este adoctrinamiento intensivo, deben darse también acelerados cursos de enseñanza primaria que permitan, al principio, superar el analfabetismo, para ir gradualmente superando al Ejército Revolucionario hasta convertirlo en un instrumento de alta base técnica, sólida estructura ideológica y magnífico poder combatiente. El tiempo irá dando estas tres cualidades. Podrá después ir perfeccionándose el aparato militar para que los antiguos combatientes, pasando por cursos especiales, se dediquen a ser militares profesionales y se vayan dando cursos anuales de enseñanza al pueblo, en forma de conscripción obligatoria o voluntaria. Esto depende ya de características nacionales y no se puede sentar pautas.



MILENA VARGAS.
C.I V – 14.064.215
CARRERA LIC EM ADMINISTRACION DE DESASTRES.
9º TERMINO SECCION “B”
TURNO MAÑANA.
MANUAL DE GUERRILLA DE ERNESTO EL CHE GUEVARA.